ENSAYO DE POLÍTICA INTERNACIONAL: “El mundo que se viene”


“El cambio es la metafísica de nuestra era” Warren Bennis

Es evidente. Algo está cambiando. Ya lo señalaba Harold James en un exquisito artículo de International Affairs: “The geography of power is being transformed, in particular by the rise of China”[1]. Pero… ¿qué es lo que está cambiando? Lo que está cambiando es el orden internacional. Tanto la dimensión material o hard power, como la simbólica o soft power, están sufriendo cambios. Ahora bien,  ¿de qué manera se produce el cambio?

Desde el influyente libro de Martin Jacques[2] y las proyecciones de Goldman Sachs, hasta las percepciones de los estadistas más brillantes, se estima que el poder de Estados Unidos está en franco declive. De acuerdo al National Intelligence Security Council, “the U.S. will remain the preeminent power, but that American dominance will be much diminished”[3]. Está claro. El mundo que se viene ya no será el de la Pax Americana. Muy por el contrario, Estados Unidos se convertirá en uno más dentro del concierto de los grandes. O para citar a Bruce Jones, “no longer the CEO of Free World Inc., the United States is now the largest minority shareholder in Global Order LLC”[4].

¿Qué vemos en los últimos años?

Que la Doctrina Monroe comienza a perder vigencia[5]. Que la unipolaridad está deteriorada. Que aparecen nuevos actores: los movimientos sociales, la contra-cumbre de Seattle, los BRICS, demuestran que el mundo se enfrenta a cambios profundos. Las acciones unilaterales en el Golfo y el “éxito” estadounidense de Kosovo, son cosa del pasado. Dados estos cambios ¿cómo es el presente?

De acuerdo a Joseph Nye[6], el patrón actual de distribución de poder puede definirse como de three dimensional chess-game. La dimensión superior, la militar, sigue siendo unipolar con centro en Estados Unidos. La dimensión intermedia, de tinte económico, es multipolar desde hace más de una década. La dimensión inferior, por su parte, refiere a los actores no estatales como banqueros, corporaciones, traficantes de armas, terroristas o hackers. Es aquí donde la difusión de poder es más visible y donde la hegemonía de Estados Unidos se encuentra más amenazada.

Estos indicios nos llevan a cuestionar el verdadero alcance de la unipolaridad. Si bien de sesgo realista[7], la pregunta por la distribución de capacidades y el sistema internacional, resulta útil. En este sentido, Bruce Jones señala tres aspectos que marcan un cambio en el orden internacional: el incremento de la demanda de recursos naturales en países como China e India, la presión de los países emergentes para aggiornar las organizaciones internacionales, y un cambio en el balance de poder mundial marcado por la “vuelta de Asia”.

En relación a esto último, resulta irónico que la emergencia de estas potencias se dé en un marco creado y sostenido por los Estados Unidos[8]. Brasil, Rusia, India y China dicen sí a la Globalización. Son parte del sistema y no lo cuestionan de fondo. El cuestionamiento al sistema internacional es de forma.

Pero, ¿desde cuándo se cuestiona al sistema internacional?

La Crisis Financiera Internacional de 2008, la Guerra de los 5 días entre Rusia y Georgia, y el ocaso de la Doctrina Monroe, marcan un quiebre en el sistema. De todos ellos, y en palabras de Adam S. Posen, “the global financial crisis of 2008-9 represents a challenge to this world order”[9]. En otras palabras, es la Crisis Financiera la que marca el verdadero punto de inflexión entre un momento y otro del sistema internacional.

Estos “eventos catalizadores”[10] conducen a lo que David P. Calleo denomina “de-legitimation of US leadership”[11]. A partir de ellos, la posición de Estados Unidos ha sufrido un leve deterioro. Como bien señalara Joseph Nye en The Paradox of American Power[12], Estados Unidos está fuerte en lo militar, pero constreñido y limitado en lo económico. Si a ello se le suma la Crisis de 2008, la paradoja es más relevante: demasiado poder militar en un país sacudido por el shock financiero, no alcanza para mantener una posición hegemónica.

La Crisis Financiera de 2008 no sólo puso en jaque el poder relativo de Estados Unidos. También llevó a repensar el alcance del orden económico actual, del capitalismo y de la Globalización. Si para muchos se trata de un proceso irreversible y hasta necesario[13], para otros, como Chris Hedge, la Globalización no es más que un proceso agotado a punto de colapsar. Y que, entre otras cosas, ha traído beneficios a una pequeña élite en detrimento de la gran mayoría de las personas[14].

Sea como sea, la crisis del orden económico es también la crisis del orden político. Mientras Estados Unidos sufría el shock financiero, China e India le salían al paso y lograban capearlo con éxito. La manifestación política inmediata fue la percepción generalizada, aunque no novedosa, de un nuevo orden global.

De acuerdo a Barry Posen, dos son los escenarios posibles que se abren a partir de ahora[15]. Por un lado, un mundo bipolar con centro en Estados Unidos y China. Y por el otro, un mundo multipolar caracterizado por la presencia de las potencias emergentes de los últimos años.

La primera hipótesis resulta bastante plausible. En palabras de Adam Posen, “none of the rising countries, except perhaps China, can even think in terms of rivaling America in all the dimensions that characterize a hegemon”[16]. Es decir, sólo China posee una economía, una demografía, una estabilidad monetaria y una proyección de poder lo suficientemente importante para rivalizar con Estados Unidos. Por si fuera poco, el gigante asiático posee la voluntad política de constituirse en potencia y ser un global player. Sobre este punto, David Shambaugh señala: “China is particularly interested in redistributing power and influence from North to South, and in this regard can be considered a revisionist actor in international affairs”[17].

El otro escenario posible es un mundo multipolar. En él, los “países ballena”[18], y en particular, los BRICS, presentarían una amenaza al comportamiento unipolar de los Estados Unidos. Caracterizados por ser Estados fuertes, con líderes visibles y una política exterior pragmática[19], estos países pueden cambiar la distribución de poder actual.

Son varios los elementos que nos permiten visualizar la emergencia de Brasil, Rusia, India y China. Esta emergencia se manifiesta en la influencia que ejercen los BRIC en diferentes áreas. De acuerdo a Bruce Jones, tres son las dimensiones donde esta influencia es más notoria: la vecindad o el barrio de cada uno de los BRICS, los organismos internacionales, y las percepciones de los líderes globales sobre la “shadow of the future” que amenaza a Estados Unidos[20].

El escenario de la multipolaridad presenta, sin embargo, algunos interrogantes. Cómo calibrar el poder relativo de los Estados es uno de ellos. En este sentido, Barry Posen señala que más que el poder autónomo de cada Estado, lo que habrá de tenerse en cuenta es el poder de las coaliciones.

Así es. El aislamiento será una situación de peligro para los Estados en un eventual mundo multipolar. Como consecuencia, éstos prestarán más atención a las coaliciones y a la manera en la que cada Estado se alía con otro. El corolario de este sistema será, para Barry Posen, un mundo en el que “diplomacy becomes a respected career”[21].

 Ahora bien, ¿quién es quién en el mundo multipolar? De acuerdo a varias proyecciones, el ascenso de los BRIC es el principal impulsor de la multipolaridad. Cada uno de estos países posee un inventario de capacidades que los podría convertir en futuros polos de poder.

China, de acuerdo a Rajam Menon, posee una población que excede en mil millones de habitantes a la de Estados Unidos, además de un territorio más amplio. Por si fuera poco, cuenta con la mayor cantidad de reservas de divisas del mundo. India, si bien sacudida por problemas sociales de larga data, es propietaria de un sector de tecnología de punta y de la segunda población del mundo. Rusia, además de ser la dueña del arsenal nuclear más grande del planeta, es el primer productor mundial de gas y el segundo de petróleo[22]. Brasil, aunque más modesta que las otras tres, es una potencia con ingentes recursos naturales y una población de doscientos millones de habitantes.

La emergencia de estas potencias obliga a repensar el armado de las organizaciones internacionales. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, por citar un ejemplo, ha mantenido intacta su estructura desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Como bien señala David P. Calleo, “the UN, given its present configuration, has little chance of evolving into the global concert of great powers that the plural world of the twenty-first century should have”[23]

Los escenarios bipolar y multipolar son una posibilidad en el mundo que viene. Y también un punto a tener en cuenta para los estrategas estadounidenses. Otros autores, no obstante, señalan que la principal amenaza para los Estados Unidos no serán otros Estados. Muy por el contrario, “the greater threat may come from modern barbarians and nonstate actors”[24]. En otras palabras, en un mundo caracterizado por la difusión de la información y la erosión del poder estatal, la amenaza residirá en grupos no estatales: terroristas, corporaciones y narcotraficantes.

A pesar de todo, está claro que la posición de Estados Unidos sigue siendo bastante holgada. En este sentido, cabe recordar que Estados Unidos goza de un amplio margen de superioridad frente a las otras naciones, tanto en términos militares como económicos. Como bien señala Barry Posen, “America has the global diplomatic and military presence –and the diplomatic and military skills- necessary to manage and sustain a truly global foreign policy”[25].

Lo descrito hasta ahora nos permite suponer que tarde o temprano habrá una transición. Sin embargo, nada de lo dicho nos ilumina sobre el modo en qué se producirá la transición. ¿Será pacífica? ¿Será violenta? ¿Habrá guerra?

Sobre este punto existen posturas encontradas. Mientras que para algunos la transición será pacífica, para otros inevitablemente acarreará conflicto. Charles Glaser lo explica para el caso del auge de China[26], pero bien podría aplicarse a la emergencia de los BRIC. Mientras los liberales son más optimistas y hablan de intereses en común, los realistas auguran competencia y balance de poder entre los polos. Cada punto de vista tiene implicancias directas sobre el resultado de la transición. Unos dirán que el doux commerce lo solucionará todo y que la conflictividad será atemperada por la interdependencia. Otros, de cuño más realista, diagnosticarán problemas y hablarán inclusive de conflicto armado.

Sobre el modo de la transición, pacífica o violenta, son varios los académicos que han tratado el tema. Para Erik Gartzke, por ejemplo, es crucial la transparencia en la información sobre la distribución relativa de las capacidades de los países[27]. Sólo reduciendo la incertidumbre y aumentando el caudal de información, es que Estados Unidos garantizará al mundo una transición pacífica. Otros, como Bruce Jones, sostienen que tres son las estrategias que Estados Unidos debe implementar para evitar un G-Zero scenario o conflicto armado entre potencias[28]: cooperación en finanzas internacionales y desarrollo, negociación de reglas de regulación económica y energética, e inversión en herramientas de administración de crisis y conflictos. 

El mundo que vendrá

Hasta ahora sólo hablamos de cambios en el sistema internacional. De escenarios posibles. De la transición y de los modos que podría adoptar. Sin embargo, no nos referimos a los grandes problemas que el mundo enfrentará en materia ambiental, económica o energética.

Para zanjar esta inquietud, volvamos sobre el texto de Evans, Jones y Steven. Para los autores, los issues de Agenda Internacional se aglutinarán en torno a dos grupos. Por un lado, los asuntos de political economy. Y por otro, los de security[29].

Entre los de political economy, Evans, Jones y Steven destacan cuatro: demografía (urbanización y crecimiento poblacional), escasez de recursos (energía, alimentos, tierra y agua), cambio climático, y cooperación económica. Por su parte, en el grupo de los asuntos de security, los autores ubican: seguridad nuclear, bioseguridad, Estados fallidos, y terrorismo.

Está claro que éstos no son todos los issues de Agenda. Sin embargo, nos brindan una aproximación del mundo que vendrá. Seguramente que la Globalización traerá consigo nuevos problemas. Y seguramente surgirán reacciones encontradas a cada una de las globalizaciones que acontezcan de aquí en adelante.

En este sentido, es crucial reconocer que la Globalización no es buena ni mala per se. Tanto las posturas que resaltan sus bondades como las que ven en ella sólo desastre y miseria, pecan de miopía intelectual. Lo más justo sería admitir que se trata de un proceso irreversible con el que debemos aprender a convivir. En este orden de cosas, resulta ilustradora la propuesta que Alex Evans, Bruce Jones y David Steven esgrimen en Confronting the Long Crisis of Globalization[30].

¿Qué dicen los autores?

Que el sistema internacional, tal como lo conocemos en la actualidad, es defectuoso. Que para lidiar con este sistema hay que identificar los riesgos globales. Una vez señalizados estos riesgos, sostienen, debe procederse a elaborar una doctrina del riesgo.

La elaboración de una doctrina del riesgo implica algo más que el reconocimiento de los asuntos de Agenda. Implica, antes que nada, que los Gobiernos implementen una serie de mecanismos de contención de los riesgos. Que tomen conciencia de los mismos, que se agrupen en organizaciones, que busquen oportunidades para colaborar, y que piensen sus estrategias en función del conjunto del sistema. 

Conclusión

Para concluir, quisiera volver sobre la metáfora que Evans, Jones y Steven utilizan para referirse al mundo de los próximos años. Como en un bote que navega por aguas turbulentas, estamos en problemas. Nuestra función como actores del sistema internacional es sortear la corriente. Para lograrlo, hay que reconocer que la Globalización ha traído prosperidad a costa problemas que requieren de una solución inmediata. Como bien señala Chris Hedges, la Globalización ha creado “a world that is defined exclusively by naked self-interest”[31]. Estará en nosotros, en cada uno de los remeros, cambiar el rumbo del bote y construir un mundo donde prime la cooperación y el entendimiento mutuo. “The direction of the boat depends not on the weakest rower, nor on the strongest, but on the efforts of all the rowers”[32].

Ojalá lleguemos a buen puerto.


[1] James, H. 2011. International order after the financial crisis. International Affairs 87 (3): 525.

[2] Jacques, M. 2009. When China rules the world: The End of the Western world and the Birth of a New Global Order. New York: Penguin Press.

[3] Nye, J. S. 2010. The future of American Power. Foreign Affairs 89 (6): 2.

[4] Jones, B. 2011. Largest Minority Shareholder in Global Order LLC: The Changing Balance of Influence and U.S. Strategy.  Foreign Policy at Brookings, Policy Paper n.25, mar. 2011.

[5] Cataife, M. Clase tutorial de Agenda Internacional, 26/5/2011, Universidad de San Andrés.

[6] Nye, J. S. 2010. The future of American Power. Foreign Affairs 89 (6): 2.

[7] Posen, B. 2009. Emerging Multipolarity: Why should we care? Current History 108 (721): 347.

[8] Jones, B. 2011. Largest Minority Shareholder in Global Order LLC: The Changing Balance of Influence and U.S. Strategy.  Foreign Policy at Brookings, Policy Paper n.25, mar. 2011: 4.

[9] Posen, A. 2009. Who Will Sustain Globalization. Current History 108 (721): 381.

[10] Expresión utilizada en numerosos artículos de política internacional por el académico argentino Juan Gabriel Tokatlian.

[11] Calleo, D. 2009. How to Govern a Multipolar World. Current History 108 (721): 361.

[12] Nye, J. S. 2002. The Paradox of American Power: Why the world’s only superpower can’t go it alone. Oxford: OUP.

[13] Evans, A., Johns, B., Steven, D. Confronting the Long Crisis of Globalization. Risk, Resilience and International Order. Managing Global Insecurity, Brookings CIC, Ene 2010: 5.

[14] Revista Truthout. “The Collapse of Globalization”. Sitio web: http://www.truth-out.org/the-collapse-globalization68839

[15] Posen, B. 2009. Emerging Multipolarity: Why should we care? Current History 108 (721): 348.

[16] Posen, A. 2009. Who Will Sustain Globalization? Current History 108 (721): 383.

[17] Shambaugh, D. A New China Requires a New US Strategy. Current History 109 (728): 222.

[18] Expresión utilizada en numerosos artículos de política internacional por el académico argentino Fabián Calle para referirse a los países de gran tamaño.

[19] Cataife, M. Clase tutorial de Agenda Internacional, 26/5/2011, Universidad de San Andrés.

[20] Jones, B. 2011. Largest Minority Shareholder in Global Order LLC: The Changing Balance of Influence and U.S. Strategy.  Foreign Policy at Brookings, Policy Paper n.25, mar. 2011: 5.

[21] Posen, B. 2009. Emerging Multipolarity: Why should we care? Current History 108 (721): 350.

[22] Menon, R. 2009. Pax Americana and the Rising Powes. Current History 108 (721): 354.

[23] Calleo, D. 2009. How to Govern a Multipolar World. Current History 108 (721): 364.

[24] Nye, J. S. 2010. The future of American Power. Foreign Affairs 89 (6): 2-3.

[25] Posen, B. 2009. Emerging Multipolarity: Why should we care? Current History 108 (721): 347.

[26] Glaser, C. 2011. Will China’s rise lead to war? Foreign Affairs 90 (2): 80.

[27] Gartzke, E. 2009. Power Shuffle: Will the coming transition be peaceful? Current History 108 (721): 374-5.

[28] Jones, B. 2011. Largest Minority Shareholder in Global Order LLC: The Changing Balance of Influence and U.S. Strategy.  Foreign Policy at Brookings, Policy Paper n.25, mar. 2011: 10.

[29] Evans, A., Jones, B., Steven, D. Confronting the Long Crisis of Globalization. Risk, Resilience and International Order. Managing Global Insecurity, Brookings CIC, Ene 2010: 21-22.

[30] Evans, A., Jones, B., Steven, D. Confronting the Long Crisis of Globalization. Risk, Resilience and International Order. Managing Global Insecurity, Brookings CIC, Ene 2010: Preface.

[31] Revista Truthout. “The Collapse of Globalization”. Sitio web: http://www.truth-out.org/the-collapse-globalization68839

[32] Barrett, S. 2007. Why Cooperate? The incentive to supply global public goods. Oxford: OUP.

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