MICRO-RELATO: “Del otro lado de las vías”


El Negro termina de acomodarse los botines y los prueba en el área grande. Por un momento, olvida el campo de juego que se extiende a un lado y otro de la vía. Recuerda la rutina, las horas que la madrugada arrebata a su sueño, el estómago vacío y la puerta de lata que se cierra antes de ir a hacer changas. Tras sus pasos, va dejando casuchas de nylon y chapa, que después de la Estación se convierten en casas de ladrillo, protegidas por rejas y puertas que se cierran a su paso, y tras las cuales se refugian miradas desconfiadas.

De repente, se descubre llevando la pelota por un costado del campo de juego. Sus movimientos son ágiles y la gambeta ridiculiza a los rivales. En el área chica, logra distinguir la cabellera rubia de Miguel Ángel. Inspirado, conecta un pase perfecto que coloca la pelota en la cabeza de su compañero. El gol es impecable y El Negro no puede reprimir las ganas de abrazar a Miguel Ángel. Corre hasta él, que mira hacia otro lado, como si ignorara que el partido se ha definido entre ellos dos. Pero no lo encuentra. El tren pasa frente a El Negro, emitiendo un ruido ensordecedor que oculta el doble pitido del árbitro y la retirada de los otros chicos.

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