RESEÑA: “Una modernidad periférica: Buenos Aires 1920 y 1930” de Beatriz Sarlo.


“Una modernidad periférica: Buenos Aires 1920 y 1930” se ha convertido en  un texto indispensable a la hora de abordar el impacto de la Modernidad en la Buenos Aires de la segunda y tercera década del siglo pasado. Inspirada en las lecturas de Carl Schorske y Marshall Berman, la obra de Sarlo constituye un abordaje novedoso sobre el entramado social y cultural porteño en las décadas mencionadas. Al respecto, comenta la autora: “Me había propuesto entender de qué modo los intelectuales argentinos, en los años veinte y treinta de este siglo, vivieron los procesos de transformaciones urbanas y, en medio de un espacio urbano como el que ya era Buenos Aires, experimentaron un elenco de sentimientos, ideas, deseos muchas veces contradictorios” (p.9). Sarlo desgrana el discurso estético e intelectual de esos años: lo que aquí se propone es una reflexión sobre las reacciones intelectuales ante la constitución de la cultura argentina en tanto cultura de mezcla.

Ahora bien, ¿de qué herramientas se vale Sarlo para leer la experiencia intelectual de aquellos años? Es aquí donde quizá resida la mayor originalidad de la obra. Empleando con libertad los recursos del análisis histórico, los procedimientos de la crítica literaria y los datos construidos por la investigación social, Sarlo diseña una mirada renovadora y multidisciplinaria del andamiaje cultural de los años veinte y treinta. Más aún, la autora no se limita a hacer uso de los textos canónicos y de la alta cultura literaria para abordar la problemática. Libros de prosa buenos y malos, así como poemas y revistas, relatos y ensayos, manifiestos y prácticas culturales, conforman el asidero del cual Sarlo lee la experiencia intelectual ante la Modernidad.

Cada capítulo de la obra es una suerte de fotografía que da cuenta de una dimensión distinta del discurso estético-intelectual de los veinte y treinta. Así, los ocho capítulos en que Sarlo divide “Una modernidad periférica: Buenos Aires 1920 y 1930”, pueden entenderse como someras aproximaciones a los discursos que abordan la modernidad en Buenos Aires. El primero de ellos, Buenos Aires: una ciudad moderna, comienza con una descripción pormenorizada de un cuadro de Xul Solar. Como señala María Gramuglio[1], Sarlo lee los signos del lenguaje plástico como una cifra de cultura del Buenos Aires de los años veinte: “Lo que Xul mezcla en sus cuadros también se mezcla en la cultura de los intelectuales: modernidad europea y diferencia rioplatense, aceleración y angustia, tradicionalismo y espíritu renovador; criollismo y vanguardia. Buenos Aires: el gran escenario de una cultura de mezcla” (p.15). La mezcla, como rasgo distintivo de la ciudad, se hará presente tanto en su fisonomía como en los discursos intelectuales. Así, en una Buenos Aires sorprendida por los nuevos medios de transporte y la proliferación de diarios y revistas, en una ciudad confundida por la multiplicidad de dialectos y costumbres; se crearán programas renovadores y residuales del fenómeno moderno. Una observación acertada de Sarlo puede hallarse en la mención del pasado biográfico como recurso para asir la Modernidad.  A través de éste, se habla de lo perdido (o ganado) en el presente de la ciudad moderna.

Los siete capítulos restantes serán una suerte de desarrollo de la cultura de mezcla que Sarlo menciona al principio. En cada uno de ellos, la autora procederá a destejer la densa red conceptual del campo literario porteño. A partir de allí, establecerá relaciones de convergencia y divergencia entre los intelectuales, sus ideas y sus estéticas. Un punto fuerte de la metodología sarliana, explica Senkman[2], es el tratamiento de nudos conflictivos del pasado y reformulados por la vanguardia: ciudad-campo, criollos-inmigrantes, nacionalismo-cosmopolitismo y cultura letrada-cultura popular. De esta manera, lo que Sarlo hace es poner en duda la tradicional discontinuidad que se establecía en los estudios de vanguardia entre las producciones de los veinte (Martín Fierro, Proa) y las de los treinta.

El segundo capítulo está magníficamente estructurado en torno a dos formas de reaccionar frente a la Modernidad. Por un lado, el concepto de “edad dorada”. Concepto del que harán uso textos como Don Segundo Sombra, en los cuales se representa la pretensión de volver a un pasado más armónico, vinculado con lo rural y la ausencia de conflictos individuales y urbanos. Por otro lado, Sarlo ilumina los textos poéticos de Girondo, en los cuales es posible hallar una postura antitética a la de Ricardo Güiraldes. Girondo no evoca un pasado irreversible sino, por el contrario, habla de un presente del cual es posible apropiarse. El pasado desaparece mediante la desacralización de dos formas de trascendencia: la religión y el erotismo.

Entre las dos posturas, y como una suerte de intento superador ante el avance impetuoso de la Modernidad, está Arlt. Sus artículos y aguafuertes hablarán de la privación cultural, de la desigualdad en el reparto social de los poderes y de la riqueza. Una de las virtudes de Sarlo ha consistido en incluir en la obra la perspectiva de los marginados. Y es mediante el autor de El juguete rabioso que logrará introducir la “modernidad vista desde abajo”. Una modernidad que se presenta como una amenaza y que produce angustias. Una situación sólo reversible mediante “el batacazo”: algún invento o descubrimiento que saque al marginado moderno de su posición de miseria circular.

De todos los capítulos, quizá sea el tercero el que mejor evidencie los constreñimientos que la Modernidad impone a un grupo particular. En este caso, el de las mujeres. A pesar de los cambios en la moral sexual y de género, la sociedad moderna sigue asignando un rol tradicional a la mujer. Frente a ello, Sarlo despliega tres actitudes distintas encarnadas por tres mujeres representativas de la cultura argentina: Nora Lange, Alfonsina Storni y Victoria Ocampo. Mediante la hermenéutica de sus escritos, la autora desentrañará con bastante precisión el conformismo de Nora, la rebeldía de Alfonsina y el deseo reprimido de Victoria. Tres mujeres. Tres actitudes. Un mismo fenómeno: lo moderno. La reacción de tres escritoras ante el lugar asignado por una sociedad simbólicamente dominada por los hombres.

En el capítulo siguiente, Sarlo analiza el rol de la vanguardia en la sociedad moderna. Señala, como rasgo distintivo de la Modernidad, la irrupción de un nuevo actor en el campo cultural: los jóvenes vanguardistas. A partir de allí, los intelectuales deberán recolocarse y la hegemonía de los antes “intocables” será puesta en duda. En términos programáticos, la reflexión de vanguardia avanzará en dos sentidos: contra la sensorialidad del modernismo y el decadentismo; contra la emotividad del tardo-romanticismo y el psicologismo de realistas y sencillistas. Como bien señala la autora, es en Proa donde mejor se encarna el perfil generacional de la vanguardia. Es allí, justamente, donde se producen las mayores diferenciaciones estéticas respecto a los viejos maestros.

El quinto capítulo estará fuertemente marcado por el tema de la Revolución y el compromiso político de izquierda. He aquí un punto a destacar de la obra sarliana. Mediante el análisis de revistas de época como Contra, la autora procederá a destejer la relación de los intelectuales argentinos de izquierda con la revolución rusa. De esta manera, desmenuzará textos como “El día de la huelga general”, de Raúl González Tuñón. En ellos adivinará un futuro revolucionario marcado por la depresión, el fascismo y la represión policial. Como complemento de su análisis, Sarlo indagará en correspondencias que iluminen el compromiso de la intelectualidad para con la otra gran causa de la izquierda: la Guerra Civil Española.

En relación a la hipótesis sarliana de Buenos Aires como “ciudad de mezcla”, el capítulo sexto resulta bastante elocuente. Mediante la disección de los versos de Tuñón, la autora pinta un retrato genial de la visión del escritor socialista de la ciudad. Para Tuñón, en Buenos Aires lo homogéneo brilla por su ausencia. En ella, todos sus espacios están repletos de mezcla. Lo heterogéneo es exacerbado en la imagen del almacén de baratillo, postal por excelencia de aquella urbe donde todo está mezclado. Como en un cambalache, se confunden formas de vida, profesiones, vocaciones y personajes. Síntesis perfecta de una ciudad dominada por la extranjería y la pluralidad cultural.

El penúltimo capítulo podría haber sido perfectamente incluido al final del segundo. En particular, por su tratamiento detallado de los marginados y el nuevo espacio que ocupan en la ciudad. Espacio que, valga la aclaración, es visible no sólo a los ojos de la gente decente sino, también, en los discursos de una nueva generación de escritores como Roberto Arlt. A partir de los veinte se harán más comunes las referencias a ese sujeto antes invisible de la literatura. El Otros de los marginados, de los que están del otro lado de la cultura escrita, se convertirá en un Nosotros de vastas referencias literarias. Así, textos como Royal Circo de Leónidas Barletta o Cuentos de la oficina de Mariani, harán luz sobre perspectivas clásicamente condenadas a las sombras del mundo literario y editorial.

El octavo y último capítulo es una suerte de cierre simbólico de lo dicho arriba. Empleando el concepto de imaginación histórica propuesto por Hayden White, Sarlo dará cuenta de la mezcla tan característica de la Modernidad mediante un procedimiento idéntico: la mezcla. Aunque en apariencias absurdo, el truco de combinar diferentes formas de imaginación histórica producirá un efecto inmejorable: leer a la cultura argentina como algo heterogéneo, mezclado, atomizada en torno a decenas de discursos y estéticas. De esta manera, los experimentos de Mallea, Borges, Jauretche, Martínez Estrada y Scalibrini Ortiz, podrán ser capitalizados por el lector para comprender las posiciones intelectuales ante la modernidad periférica que condensaba Buenos Aires. En otras palabras, se estará en condiciones de reconstruir el mundo de la experiencia a través de los textos de la cultura.

Pocas son las críticas que pueden esbozarse de un libro tan perfectamente armado como éste. No obstante, es posible pensar en un tratamiento no del todo profundo de la cuestión inmigratoria como elemento constitutivo de la mezcla. Quizá un capítulo adicional destinado a tal fin contribuya a otorgarle mayor consistencia a la hipótesis de la autora.

De todas formas, es indudable que este libro resulta de una utilidad enorme para comprender cómo se pensaron las prácticas culturales de la Modernidad un siglo atrás. A pesar de ello, es evidente que la pregunta que subyace a todos los textos y trasciende a la época jamás es respondida. Sarlo tan sólo se limita a mostrarnos las fotos que iluminan parcialmente la pregunta. Si queremos saber qué es la modernidad éste es un libro excelente para comenzar a pensar el problema, no para responderlo.

 


[1] María Gramuglio, “Modernidad en las orillas”, Universidad de Buenos Aires, http://www.cienciahoy.org.ar/hoy01/modernidad.htm (Consultado 6/6/09)

[2] Leonardo Senkman, “Estudios interdisciplinarios de América Latina y el Caribe”, Universidad Hebrea de Jerusalén, http://www.tau.ac.il/eial/II_1/senkman.htm (Consultado 7/6/09)

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Una respuesta a RESEÑA: “Una modernidad periférica: Buenos Aires 1920 y 1930” de Beatriz Sarlo.

  1. Sam dice:

    Me gustó mucho esta reseña! Ahora asisto a una clase de literatura moderna de Latinoamérica y lo que has escrito me ayudó mucho en entender Sarlo y el contexto de otros autores. Crees que Buenos Aires todavía lleva esa dicha “mezcla”?

    Saludos desde los EEUU

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